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Desde un punto de vista agregado, y en comparación con otras regiones del mundo, Latinoamérica es la región del mundo menos innovadora en materia educativa. Esta es una de las conclusiones del informe presentado por Gallup durante el World Innovation Summit for Education, WISE, celebrado recientemente en Qatar. Ante la pregunta “¿Cuán innovador cree que es el sistema educativo en su país?”, el 66% de los encuestados de los países de la región consideraron que Latinoamérica innovó entre absolutamente nada y muy poco.

Bajo el título 2015 WISE Education Survey: Connecting education to the real world, el informe consolida las consultas y respuestas realizadas por Gallup durante el mes de Agosto pasado. Más de 1.500 miembros de la comunidad educativa fueron consultados, incluidos maestros, estudiantes, graduados, directivos y profesionales de la educación, diseñadores de políticas públicas, funcionarios de gobiernos, inversores y edupreneurs. Los 149 países representados en el trabajo fueron agrupados en 9 áreas geográficas: Asia del este (5 países), Asia del sur (6), Asia del sudoeste (11), USA+ (4), Balcanes (15), Europa (25), Latinoamérica (26), Medio este (20) y África sub Sahara (37).

El informe se abre con una lapidaria radiografía para nuestra región: solo el 11% de los consultados mostraron satisfacción con la situación general de su sistema educativo nacional, guarismo solo superior al 8% mostrado por la región africana y muy lejos del 44% manifestado por los países europeos. Al abrir estas respuestas de acuerdo al perfil del encuestado, la situación se agrava cuanto más uno se acerca al centro del proceso educativo. Los estudiantes y recientes graduados son quienes mayor insatisfacción manifiestan, y la escuela (segmento K-12) resulta la franja de actuación en donde más manifiesta es dicha insatisfacción.

En la apertura de la calidad de la enseñanza por tipo de tópico o materia, destaca el hech0 de ser la región en donde peor se enseñan tanto materias modelo-sociedad-industrial (matemáticas, lectocomprensión, escritura) como aquellas más propias del nuevo paradigma de la cultura digital (computación, tecnología, creatividad, innovación). Estos resultados convalidan la pobre ubicación de los países de la región en las pruebas internacionales PISA. Según el informe, en Asia del este es donde mejor se enseña matemáticas, en Europa y la región de los Balcanes en donde mejor se lo hace con la lectocomprensión, y en la región USA+ (Estados Unidos, Canadá, Australia y N. Zelandia) en donde mejor se está preparando a niños y niñas en competencias del SXXI.

La consecuencia lógica de este cuadro así pintado, en todo concordante con la experiencia práctica de quien suscribe, es que los maestros y docentes no reciben un trato respetuoso. Solo el 27% declara que quienes están a cargo del aula son tratados con respeto en Latinoamérica en comparación con un promedio mundial del 59%, y bien lejos del 79% de los docentes de Asia del este.

El encadenamiento de realidades, resultados en los aprendizajes, ubicación en los rankings internacionales, nivel de apreciación social y diseños normativos, induce a los encuestados a sugerir líneas de acción cuestionables. En primer término, el informe declara que el mayor desafío que enfrenta la escuela está relacionado con la calidad de los enseñadores, cuando en verdad debería estar más relacionado con la calidad y significado de los aprendizajes. Poco espacio existe en el informe en donde se pueda indagar sobre esta cuestión, mientras las ciencias neurocognitivas ya nos proveen sobradas evidencias de que la pedagogía modelo educare no maximiza el potencial de aprendizaje, curiosidad y emocionalidad de un niño. En segundo lugar, existe una declaración casi unánime de que los países invierten poco en educación, con solo un 27% mostrando satisfacción con los niveles actuales. Esta declaración contrasta con niveles de inversión record en varios países como porcentaje del producto bruto. Finalmente, el informe muestra a un 70% de los encuestados sosteniendo que son las universidades y no los empleadores quienes tienen la responsabilidad primaria y principal de preparar a los jóvenes para el éxito en sus primeros empleos, mientras 54% sostiene que en este rol las universidades están fallando. Me pregunto qué deberían hacer los estudiantes frente a instituciones que no innovan, enseñan mal tanto los contenidos core y como las competencias aplicadas, no preparan bien para el mundo del trabajo y ven que un empleador valor más la experiencia laborar previa que una nota académica distinguida al momento de contratación. La respuesta es obvia.

Celebro con entusiasmo el trabajo publicado por Gallup. La riqueza de la información provista permite verificar algunas cuestiones comunes a toda la disciplina a nivel mundial (por ejemplo, que innovar es un mandato y aún nadie ha tomado la delantera), y otras más propias de cada región (por ejemplo, que la calidad de la enseñanza en Latinoamérica es de las más rezagadas).

Durante el encuentro en Qatar asistí al momento en que estaban haciendo públicos estos resultados, así que tuve la oportunidad de preguntar al directivo de Gallup sobre formación para el emprendedurismo, dado que en el mundo actual los graduados están llamados a ser más sus propios empleadores que a solicitar empleo a un tercero. “Por el momento, es una materia ausente en prácticamente todos los diseños curriculares del mundo”. Más claro…

Tarea para el hogar: discutir el informe con colegas de la institución educativa propia y comprometerse en mejoras y modificaciones orientadas a mejorar los aprendizajes de todas las disciplinas. Innovar no es una opción, es un mandato de estos tiempos para quienes actuamos en educación. ¡Ánimo!

Por Juan María Segura