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Según el Diccionario de la Real Academia Española, la definición de “profesional” es “Dicho de una persona que: practica habitualmente una actividad, incluso delictiva, de la cual vive” y la palabra “profesión” la define como “Empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución”. Con esta definición, queda claro que todos los docentes son profesionales, pues se les retribuye y viven de la actividad que ejercen. Ser profesional no implica tener una formación universitaria. Tampoco implica tener las herramientas y conocimientos esenciales para desempeñarse adecuadamente en su profesión.

Entonces, cuando hablamos de la “profesionalización docente” realmente nos referimos a “formación docente”, pues según el mismo Diccionario de la Real Academia Española, el significado de “formar” es “criar, educar, adiestrar.” La universidad es una fuente de formación, pero no la única. Lo que necesitamos es que los docentes estén adecuadamente preparados para educar a los jóvenes y prepararlos para la vida, enseñarles a pensar, estimular su creatividad y que tengan los conocimientos necesarios para ingresar a la universidad. Los docentes deben desarrollar las competencias necesarias para ser buenos educadores y necesitan desarrollar estrategias para que su práctica en el aula sea eficaz y que estimule a sus estudiantes a aprender.

Ya es un buen inicio el haber eliminado la carrera de magisterio a nivel diversificado y exigir al menos que los futuros docentes estudien por lo menos los 3 años de profesorado antes de ejercer como maestros. Pero también es importante que los maestros en servicio que no tuvieron el privilegio de una educación más allá de magisterio se formen. Ya existe el PADEP/D – Programa Académico de Desarrollo Profesional Docente – el cual el Ministerio de Educación impulsa a través de la Universidad de San Carlos, pero es insuficiente que una sola entidad, a pesar de tener sedes regionales en todos los departamentos, logre en pocos años dar una nueva formación a los docentes en servicio para que adquieran nuevos paradigmas educativos. Definitivamente es un gran avance contar con el PADEP/D, pero es importante abrir campo a otras instituciones que apoyen el proceso y así lograr desarrollar una nueva generación de docentes – nuevos y en servicio _ con las técnicas apropiadas para educar mejor a nuestros estudiantes.

Más que textos innovadores, escuelas bien equipadas, o material didáctico de vanguardia, lo más importante para mejorar la calidad educativa es el cuerpo docente. No quiero decir con esto que no sean necesarias más escuelas o arreglar las existentes, o dotarles de textos ni de tecnología; tampoco resto importancia al desayuno y refacción escolar, vitales para que los estudiantes tengan la nutrición y energía necesaria para aprender, ni a otros factores que sin duda son importantes y deben formar parte de una política integral. Pero no hay duda que un buen docente podrá enseñar al aire libre con piedras y palos como material didáctico y un mal docente, aunque cuente con excelentes textos, tecnología y enseñe en lindas escuelas, no logrará que sus estudiantes aprendan.

Un docente bien preparado y formado es probablemente uno de los factores que más inciden en una buena educación. Algunos colegios privados ya han reparado en esto y empiezan a invertir en sus docentes en la misma forma en que invierten en la pintura de sus colegios: así como es necesario pintar las paredes de los colegios todos los años, es necesario que la formación del docente sea continua y no un evento aislado. Algunas entidades del sector oficial también ya han comprendido la importancia del docente. Ahora hace falta que se convierta en realidad, no solo asignando los recursos necesarios, sino haciendo alianzas con entidades privadas comprometidas con la educación que participen en la formación de los docentes en servicio, dando el tiempo a los docentes para que se formen, y estimulando y premiando a aquellos que constaten una formación que permita un mejor aprendizaje de sus alumnos. Se requiere de un esfuerzo integral que considere todos los aspectos que faciliten y estimulen a los docentes en servicio a querer mejorar su propia formación.

Reconozco que estas no son ideas innovadoras, al igual que el reconocido método Montessori, aún considerado de vanguardia por muchos, tampoco es de reciente creación. La Casa dei Bambini, primera escuela con un “aula Montessori” abrió sus puertas hace más de 100 años, en 1907 y comenzó a internacionalizarse en 1912. Pero las ideas para que sean efectivas deben implementarse. Ojalá el gobierno entrante ponga importancia es impulsar la formación docente y mejorar la calidad educativa desde su fuente: los docentes en servicio.

 

 

Texto original: http://goo.gl/1HO7JG