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César Chávez

Es por todos sabido que la educación actual ofrece grandes retos a los profesores. Con mayor frecuencia las autoridades, alumnos y familias esperan que los profesores incorporen nuevas técnicas, estrategias y recursos a su práctica diaria; dependiendo del contexto de cada escuela el uso de la tecnología puede jugar un rol central o no, pero cada vez más se espera que esté presente de alguno u otro modo. Los planes de estudio demandan que los profesores, más allá de la enseñanza de sus contenidos, también fomenten en sus alumnos el desarrollo de habilidades y actitudes como parte de una formación que se quiere reconocer como integral.

Dentro de todo este mar de nuevos desafíos los profesores enfrentamos constantemente un par que, siendo muy concretos, impactan el desarrollo diario dentro del aula más allá de todas las teorías y posturas educativas, que trascienden los lineamientos oficiales y las expectativas que hay sobre nuestra práctica. Así como se habla de un currículo oculto presente en todo proceso de enseñanza-aprendizaje, también podemos hablar aquí de barreras ocultas que los profesores debemos sortear.

Por un lado, los alumnos, al ser parte de un contexto sumamente ágil y dinámico donde todo el tiempo se encuentran sobreestimulados –a través de los diferentes medios masivos de comunicación, incluyendo el internet y las redes sociales -, entran en un conflicto cognitivo al enfrentarse a un salón de clases que les parece, desde su perspectiva, árido, aburrido y poco estimulante, haciendo cada vez más compleja la labor de un profesor que, en el mejor de los casos, tendrá un grupo lleno de alumnos que simplemente escuchan sin poner el menor interés en lo que sucede alrededor y mucho menos en los esfuerzos de su profesor por enseñar.

El educador, autor y expositor Sir. Ken Robinson ha escrito mucho al respecto, reflexionando sobre la manera en que la lucha por la supervivencia de un tipo de enseñanza basado en  el modelo de producción en masa -definido desde el auge de la Revolución Industrial-, no sólo limita las capacidades creativas de los estudiantes sino que incluso está siendo demolido por esta misma presión de la era digital y un nuevo modelo económico totalizador. 1

Estrategias didácticas como el trabajo en equipo o el colaborativo, el trabajo por proyectos o cualquier otra que se quiera utilizar comienzan a ser parte del quehacer común de los profesores dentro del aula en un intento por enfrentar estos retos y lograr una reforma en el sistema educativo actual, sino en el institucional al menos en el personal, el que se vive dentro de la propia aula. No obstante, todas estas estrategias corren el riesgo de caer rápidamente en la monotonía si el profesor no es capaz de incorporar los estímulos suficientes para los alumnos.  No se trata de casarse con una única estrategia, ni de satanizar ninguna en particular, sino de encontrar la combinación exacta entre ellas para alcanzar los objetivos planteados.

A este respecto, Grant Wiggins señala que uno de los grandes problemas en la transferencia del conocimiento es la noción errónea de que utilizar este tipo de actividades lleva implícito un desarrollo cognitivo de manera automática. Según Wiggins, el hecho de que involucre la participación del alumno no quiere decir que involucre la participación cognitiva de él (just because it’s hands-on doesn’t mean it’s minds on); para ello se tiene que tomar en cuenta las oportunidades para el trabajo meta cognitivo y de construcción de ideas que permitirán transformar esta experiencia en una verdadera oportunidad para el aprendizaje significativo.2

Esto nos trae un reto adicional, dependiente del primero. Recapitulando. El primer gran reto que enfrentamos los profesores es poder incorporar a nuestra labor diaria diferentes estrategias didácticas. El reto adicional que éste conlleva, es que la implementación de dichas estrategias nos aseguren la atención, motivación y desarrollo personal y cognitivo de los alumnos en nuestras clases. Todo ello en el marco de un segundo gran reto a vencer, la combinación letal entre currículos altamente ambiciosos en contenidos y una disponibilidad de tiempo altamente limitada.

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Cualquier profesor que haya decidido probar con alguna estrategia innovadora habrá de reconocer el tiempo que implica tanto en la planeación como en la ejecución dentro del aula; en ocasiones se genera la sensación de que los alumnos están pasando demasiado tiempo sin hacer nada mientras nuestros libros y temas se quedan ahí estáticos sin avanzar, y más grave aún, mientras los días pasan a lo largo del ciclo escolar.

El mismo Wiggins hace un estudio en donde recopila comentarios y perspectivas de los alumnos sobre cómo deberían de ser sus clases. El hilo conductor en todas es muy claro, los alumnos esperan participar en actividades y proyectos estimulantes, con conexiones y aplicaciones hacia la vida real donde el profesor los involucre (en vez de únicamente enseñarles) y les permita participar y divertirse mientras aprenden.3 El tema a resolver entonces es cómo incorporar de manera exitosa (para maestros y alumnos) estas nuevas estrategias, cubrir con el currículo asignado y cumplir con los tiempos establecidos para ellos. La respuesta más común por la que la mayoría de los docentes hemos pasado en algún momento se podría resumir en una frase  no hay suficiente tiempo, tengo mucho que cubrir, lo que en muchos momentos nos hace desistir de intentar algo de todo lo anterior.

Llegado este punto podemos pensar en utilizar una estrategia que nos permita resolver estos retos de manera satisfactoria y, sobre todo, lograr un cambio verdadero y significativo en nuestra práctica diaria. Para ello podemos considerar un proceso de tres pasos que nos ayuden a encontrar el balance adecuado entre las expectativas, las necesidades y los requerimientos.

Primero. Debemos comenzar por identificar cuáles son los objetivos y conceptos fundamentales de cada unidad. Si bien es cierto, que todo aquello que se incluye en el currículo tiene una razón de ser, también es cierto que hay temas y conceptos que son medulares para el logro de los objetivos finales. Estos temas son los que tendremos que tener presentes al momento de construir nuestras planeaciones.

Lo anterior implica considerar también que estos temas son los que más tiempo de instrucción requerirán, ya sea instrucción directa o combinada con diferentes actividades que permitan reforzar el conocimiento.

Lo mismo tendremos que hacer para las habilidades y actitudes que se incluyen a lo largo del plan. Únicamente habrá que considerar que al ser atributos del desarrollo personal, y no del cognitivo, no podemos pretender desarrollarlas y darlas por terminadas en el corto plazo. Habrá que reconocer aquellas clave que fomentaremos a lo largo de todo nuestro curso.

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Segundo. Tenemos que tener muy claros cuales son los temas menores, ya que son ellos los que en todo caso pueden funcionarnos como comodín, ya sea para recortarlos o para revisarlos de manera más indirecta con los alumnos. Tenerlos claramente señalados nos permitirá priorizar en el momento en que los tiempos y las obligaciones empiecen a abrumarnos.
En ese sentido podemos diseñar sesiones enteras y actividades donde se aborden y los temas, habilidades y actitudes prioritarios y nos aseguren que los alumnos están caminando hacia el logro de los objetivos, al tiempo que asignamos tareas individuales, extra clase o de exigencia menor que, a en la medida que vamos haciendo nuestra evaluación formativa nos ayuden a complementar los avances de los alumnos. En este punto, es muy útil también tener consciente cuáles son las conexiones con la asignatura siguiente, de tal manera que apoyemos el desarrollo de los elementos fundamentales para el éxito en el grado siguiente y tengamos la tranquilidad de que aquello que no hemos profundizado se hará más adelante.

Finalmente. Es importante en el diseño de nuestras sesiones considerar un espacio en blanco. Este espacio, a manera de evaluación formativa, nos funcionará como comodín para la revisión de los temas menos relevantes de tal manera que nada vaya quedando suelto.

La sugerencia parece algo evidentemente sencillo, pero es muy importante tener claridad en los primeros dos puntos para que, llegado el momento, podamos jugar con nuestros recursos y tiempo. En educación la frase menos es más resulta fundamental. Es preferible revisar una cantidad menor de contenidos, aún a costa del tiempo y de otros contenidos, pero asegurándonos que los alumnos están adquiriendo aquello que verdaderamente necesitan. De esta manera, podremos cambiar el paradigma y cuidar más el proceso y los resultados finales que la cobertura simple de contenidos, además de que nos dará un mayor margen de acción al momento de incorporar cualquier cantidad de innovaciones en nuestra práctica.

 


 

1 Sobre este punto se pueden consultar diferentes obras y presentaciones del autor, particularmente su conferencia de 2006 “How schools kill creativity” (http://www.ted.com/talks/ken_robinson_says_schools_kill_creativity.html) y “Changing paradigms” de 2008 (http://www.thersa.org/events/video/archive/sir-ken-robinson).

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2 Wiggins, Grant. “Experiental Learning” en Granted, and… thoughts on education. Octubre de 2003. http://grantwiggins.wordpress.com

 3 Wiggins, Grant. “The Student Voice – Our Survey” en Granted, and… thoughts on education. Octubre de 2013. http://grantwiggins.wordpress.com